EL FORASTERO
Mayo 10 de 1869, ceremonia del Golden spike dando por finalizada la primera vía férrea transcontinental de las EEUU.
Promontory 18.06 horas…
John es un granjero como cualquier otro, pero con una característica muy especial, “habitualmente pierde su trabajo”
Actualmente está al cuidado del ganado porcino. Su pago no es bueno, pero sirve para cubrir los gastos básicos de su familia.
Su esposa Ellen siempre le dice:
John, algo sucede contigo, desde que estamos juntos siempre pierdes tus trabajos y eso nos hace sentir muy inseguros.
La vida esta difícil Ellen, hay mucha cesantía.
Por lo mismo te digo que cuides tu trabajo actual. Mi hermana me ha dicho que varias veces te ha visto con tus amigos en esa sucia cantina del pueblo.
Son solo comentarios mal intencionados mujer.
La gente es así, le gusta decir cosas. Es cierto que voy a la cantina pero solo para distraerme un rato con mis amigos.
Está bien y te comprendo John, pero intenta mantener tu trabajo mira que alimentar a tres hijos es difícil.
Lo sé, no es necesario que me lo repitas a diario.
Lo cierto es que John no tenía ninguna intención de cambiar su forma de vida y la junta con sus amigos en la cantina era su escape.
Este hombre no era un mal padre, jugaba con sus hijos, intentaba enseñarle cosas respecto de la vida y disfrutaba contando historias graciosas.
Por otra parte Ellen quería mucho a John y por lo mismo le perdonaba sus salidas a la cantina.
Cierto día John le dice a Ellen:
Mujer, voy a salir un rato con mis amigos.
Está bien John, si me dices donde vas, me quedo tranquila.
Iré a la cantina para distraerme Ellen.
Bueno, pero cuídate y trata de no llegar muy tarde.
Así lo haré le respondió John.
La cantina tenía todo lo necesario para los que ahí acudían, unas mesas un tanto añosas, unas endebles sillas, un pequeño bar, música y vida nocturna.
John llegaba con sus amigos Peter y Thomas e inmediatamente le daban vida al local.
John le decía al cantinero.
Rápido un whisky doble Robert, que tengo la garganta seca y necesito contarles la última.
Por favor cuenta, dijeron los que estaban en el lugar.
Cada vez que John contaba su historia toda la cantina quedaba en absoluto silencio poniendo atención.
Bueno, ustedes saben que ahora estoy al cuidado de los porcinos dijo John.
El otro día casi me infarto por lo que vi.
Pero cuenta John que viste.
John sabía perfectamente hacer las pausas necesarias para mantener la intriga.
Donde yo trabajo, cada porcino tiene un cajón separado para echarles el afrechillo.
Estaba en eso cuando veo a un porcino que en donde debía tener la cola tenía la cabeza.
Ohhhh, dijeron asustados todos en el bar.
Y eso no es todo, pues en donde debía tener la cabeza tenía la cola.
¡Pero como! Dijeron todos asustados.
¿Y qué hiciste John?
Dame otro whisky doble por favor Robert.
Asustado volví a observarlo pero era yo el equivocado.
Era un porcino que estaba al revés.
Las carcajadas iban y venían.
Bueno, así corría la vida de John con sus amigos, entre risa, alcohol y una que otra historia graciosa.
Cierto día llegó a la cantina un misterioso hombre que vestía elegantemente de negro con un sombrero de ala caída.
Se sabía que era un forastero pues en aquel sector todos se conocían. Disimuladamente más de alguno lo observaba incluyendo a John.
El hombre pidió un trago para beber y algo de comida, no conversó con nadie y posteriormente se marchó.
Al día siguiente y a la misma hora, nuevamente el hombre llegó pidiendo el mismo trago y la misma comida.
El cantinero para entrar en conversación con él le dijo:
¿Le gustó la comida señor?, mi esposa la prepara, es el plato preferido de muchas personas que pasan por aquí.
El hombre de negro solo asentó con un leve movimiento de cabeza, y sin decir ni siquiera una palabra al igual que el día anterior se marchó.
Algunos decían que se alojaba en el hotel del pueblo, otros simplemente aseveraban que desaparecía en la oscuridad de la noche y más de alguno ya comenzaba a inventar alguna historia sobre este misterioso hombre.
John por su parte seguía al cuidado de los porcinos y en la tarde se juntaba con sus amigos en la cantina.
El hombre de negro puntualmente llegaba todas las tardes a beber su trago habitual y a pedir la misma comida.
Si bien es cierto, a nadie molestaba, pero como era un pueblo de arraigadas supersticiones, la actitud de este misterioso forastero les inquietaba.
Nadie se acercaba a él, y en cierto modo lo hacían pues de alguna manera le temían.
John ya no solía contar sus graciosas historias porque se sentía cohibido ante la presencia de este silente forastero.
En la noche John conversaba con su esposa acerca de este curioso hombre.
Ellen, realmente este forastero me tiene intrigado.
¿Y porque no le hablas?
Tal vez es algo tímido.
Te equivocas Ellen, la prestancia y la forma que tiene de mirar intimida a cualquiera.
Pero por lo que me cuentas no molesta a nadie.
Sí, eso es cierto, pero a todos nos cohíbe, los muchachos ni siquiera se ríen como lo hacían antes.
¿Y supongo John que tú no puedes contar tus historias?
Ellen, esto que te cuento es cierto, además otro detalle no menor es que todos los días pide lo mismo, un whisky para beber y un Chuck wagon stew de comida.
Es que quizás le debe gustar mucho.
Sabes, varios de mis amigos dicen que es el diablo.
Ellen sonrió y dijo:
John, mejor duérmete que ya es tarde y mañana debes trabajar.
Al siguiente día John llegó muy temprano a su trabajo, le dio alimento a los porcinos y dejó corriendo el agua en los bebederos.
Un poco más allá buscó la sombra de un árbol y se puso a pensar:
¿Quién será ese hombre?
¡Es misterioso!
¿Será cierto lo que le contaron a Thomas que lo vieron alejarse en medio de la oscuridad?
¿Y si es el diablo como dicen?
Pero supongo que el diablo no come ni bebe, sino que se alimenta de las almas de los malos.
Pero igual me molesta porque me quita protagonismo, y ya ni siquiera me atrevo a contar mis historias.
¿Y porque se viste siempre de negro?
¿Por qué no habla con nadie?
John pensaba y pensaba y de tanto divagar el cansancio lo venció y se quedó dormido.
En eso estaba cuando siente una voz que le dice:
John, John.
Era su patrón.
Pero hombre mire, me inundó todo los corrales.
Patrón perdón es que me quede dormido y se me olvidó cortar el agua.
El patrón le contestó.
¿Y usted cree que yo le pago para que venga a dormir?
Váyase inmediatamente que esta despedido.
John sin saber que hacer fue donde sus amigos y les contó lo sucedido.
Pero John, ¿qué le dirás a Ellen?
Que me despidieron porque no podían pagarme.
Pero John, ya todo el pueblo está al tanto de que te despidieron por quedarte dormido, tu patrón se encargó de divulgarlo.
Entonces no me queda más remedio que contarle la verdad.
Y el forastero, ¿no ha venido más?
John, has quedado sin trabajo y preguntando por el forastero. Pero bueno, debemos decirte que si ha venido y ahora está adentro con su licor y el plato de siempre.
John, pero ¿Cómo te quedaste dormido?
Estaba pensando en el forastero y de pronto me dormí.
Bueno, es mejor que hoy te vayas y le cuentes a Ellen lo ocurrido.
Fue así como este hombre llegó a su casa y su rostro lo decía todo.
John, ¿Qué te pasó?
Ellen, me despidieron.
Pero cómo, ¿otra vez?
No te voy a mentir, en la mañana temprano les di el afrechillo a los animales y dejé corriendo el agua en los bebederos.
Me puse bajo un árbol a esperar que se llenaran y me quedé dormido.
Inunde todo.
Pero John, como te quedaste dormido si anoche te acostaste temprano.
No sabría decirte Ellen, es primera vez que me pasa.
Ellen estaba desesperada y asustada por lo que venía.
¿Y ahora que harás John?
Empezaré desde mañana a buscar trabajo.
Ellen, quizás vas a pensar que soy un supersticioso, pero esta es la primera vez que me quedo dormido en un trabajo.
Sabes… ¡yo sé lo que sucedió!
¿Y qué ocurrió según tú?
Antes de dormirme estaba pensando en el forastero. El me trajo la mala suerte y pienso que es verdad lo que dicen todos.
¿Y qué dicen todos?
¡Que es el diablo!
John, no seas inocente, mejor ven a comer y mañana ve temprano a buscar trabajo.
Ellen tenía unos pocos ahorros, pero estos no durarían más de dos semanas, por lo tanto encontrar un trabajo prontamente era prioridad.
John mentalmente dejó todo atrás y muy temprano emprendió rumbo en busca de alguna ocupación que le permitiera mantener a su familia.
Iré a la barraca de don Braulio, seguro que él me ayudará.
John llegó y saludo:
Buenos días don Braulio.
Que tal amigo John, ¿Qué lo trae por acá?
Lo que sucede don Braulio es que estoy sin trabajo y pensé que usted podría tener algo para mí.
John, usted sabe que yo soy muy sincero.
No tengo trabajo para usted, pero si lo tuviera tampoco podría contratarle.
¿Por qué don Braulio?
Su patrón se encargó de contarle a todo el pueblo su episodio de irresponsabilidad.
Lo entiendo don Braulio y que tenga un buen día.
El ánimo de John se fue al suelo.
Luego de un tiempo se repuso un poco y dijo:
Iré donde don Jess, él también tiene animales.
Buen día don Jees.
Buen día John, que lo trae por acá.
Don Jess, seré muy sincero con usted, perdí mi trabajo y necesito uno, y es por ello estoy aquí.
Pero hombre, ¿esto es una broma?
No, para nada don Jees, ¿y porque me dice eso?
Le voy a dar un consejo y esto le saldrá gratis.
Lo mejor que puede hacer es ir a otro estado a buscar trabajo donde no lo conozcan. Con lo que sucedió difícil lo veo que en este pueblo se lo den.
Pero don Jees, si no he matado a nadie.
Sí, eso es verdad, pero se hizo fama de irresponsable.
Estas palabras fueron lapidarias para John. Cabizbajo se dirigió a su casa.
Al llegar su esposa impacientemente lo esperaba.
Ellen le preguntó.
¿Cómo te fue John?
Muy mal Ellen.
Pasé a la barraca de don Braulio y a los corrales de don Jees, y ninguno quiso emplearme.
¿Pero esto es por algo en especial?
Dicen que mi ex patrón se encargó de hablar en todo el pueblo sobre mi irresponsabilidad.
Bueno John, no decaigas, mañana tal vez tengas mejor suerte.
Para John los días posteriores no fueron mejores que el primero, nadie lo quería contratar.
Ellen poco se alimentaba y también muy poco dormía producto de su preocupación.
Cierto día, Peter y Thomas llegaron a casa de John para invitarlo a la cantina.
John le dijo:
No tengo ni el dinero ni el ánimo suficiente para ir.
Pero John, nosotros te estamos invitando.
Ellen que escuchó la conversación le dijo:
John, tal vez sea buena idea que vayas, eso te servirá para que despejes un poco tú mente.
Tienes razón Ellen, acompañaré a los muchachos pero volveré temprano.
Partieron los tres a la cantina y al entrar, lo primero que vieron fue al forastero elegantemente bien vestido y de negro.
John de soslayo lo miraba con recelo como culpándolo de todas sus desgracias.
Los tres amigos comenzaron a beber y conversar.
De un momento a otro todo quedó en silencio, el forastero se puso de pie y con voz fuerte y clara dijo:
Amigo, con usted quiero hablar, mirando a los ojos a John.
Este quedó petrificado.
Con usted, ¿o no me escuchó?
Venga, acérquese que no me gusta perder mi tiempo.
John con señas visuales trataba de decirle a sus amigos, ¿voy o no?, y ellos del mismo modo le decían que no fuera.
Pero finalmente se decidió a ir.
Siéntese le dijo el forastero.
¿Algo de beber?
John tratando de disimular su visible nerviosismo y mostrar desplante dijo:
¡Lo mismo!
John, mi nombre por ahora no importa pero sé que su vida no ha sido muy afortunada.
¿Y cómo sabe eso usted señor?
Basta con solo ver su vieja ropa y ese calzado que ya no sirve.
John…
Año tras año ha estado en trabajos pestilentes y con una paga mísera.
¿No le da congoja pensar que su esposa y sus hijos pasan muchas necesidades?
Además:
¿Ha pensado alguna vez que ellos merecen algo mejor?
Por supuesto que lo he pensado señor, contestó un asombrado John.
Bueno…
Está en usted cambiar esta situación, pero no mañana sino que a partir de ahora.
Dígame John.
¿Qué es lo que usted más necesita en este momento?
Un trabajo señor.
¿Y está consciente de que en este pueblo nadie le dará una oportunidad?
Sí señor, ya lo pude comprobar.
Y Dígame usted, le preguntó el hombre de buen vestir.
Por una buena paga, ¿haría cualquier tipo de trabajo?
John ya no podía disimular sus nervios.
No ponga esa cara John, no le estoy diciendo que le quite la vida a alguien.
Disculpe señor, es que por un momento me asustó, mire que aquí en este sector hay muchos pistoleros.
Como le decía John, ¿le gustaría tener su propia granja, sus propios animales y empleados?
Por supuesto que me gustaría, pero yo soy un simple granjero inculto y sin educación.
Y si yo le dijera John que no todo se obtiene con estudios, sino que más bien basta con saber tomar la oportunidad que nos da la vida en el momento exacto.
John, a partir de este momento usted será mi empleado, me dirá señor Price y solo le pido que sea fiel a mí y que nunca me falle. Todo lo que conversemos quedará entre nosotros.
¿Y en que trabajaría señor Price?
Todo a su tiempo.
Ve este dinero que tengo en mi mano.
Si señor Price.
Esto es lo que usted ganaba en un mes completo en su último trabajo.
Tómelo, es suyo.
Si sigue mis instrucciones, esto lo ganará en un día.
Mañana nos juntaremos a esta misma hora y le explicaré con más detalles de su nuevo trabajo.
Ahora salga de esta mugrosa cantina y vaya al pueblo a comprar alimentos, ropa para su esposa y sus hijos, y lo más importante… no divulgue lo que hemos conversado.
Apúrese John que esto apremia.
Disculpe señor Price.
¿Usted me dice que puedo gastarme todo este dinero?
Por supuesto, ¡mañana tendrá otra cantidad igual!
John no podía ocultar su felicidad, sus amigos disimuladamente dejaron la cantina y lo siguieron. El señor Price observaba atentamente.
John llegó al pueblo y lo primero que hizo fue comprar el vestido que siempre su esposa quiso tener, también adquirió ropa para sus hijos, calzado y posteriormente alimentos. Todo para él era una verdadera fiesta.
Sus amigos sorprendidos salieron a su encuentro.
John que sucedió, explícanos… le preguntaron sus amigos de cantina.
Te vemos hablando con el forastero y ahora tienes el dinero suficiente para comprar todo esto.
Muchachos por ahora no puedo explicar nada.
¿Pero porque?
Porque es parte de mi nuevo trabajo.
¿Pero qué trabajo es ese?
Aun no lo sé, mañana me lo dirá el señor Price.
¿El forastero se llama Price?
Así es, y como les decía aún no se en que consiste, pero me dio un adelanto para comprar algunas cosas.
Pero John, aquí hay algo muy extraño.
¿Por qué Thomas?
Piénsalo bien:
¿Qué tipo de trabajo es ese en donde te pagan antes de ejecutarlo?
¿No te parece extraño?
Thomas, el señor Price es un tanto misterioso, pero es una buena persona. El me dio la idea de comprar todo esto.
-John, solo puedo decirte que te cuides, estoy feliz por ti, pero algo presiento que no sabría explicarlo.
-Bueno, cualquier cosa los tengo a ustedes que son mis amigos, ahora me voy a casa para darle la sorpresa a Ellen.
Todo era extraño y nebuloso pero a su vez gratificante.
¡Ellen llegué!
Toma, llama a los niños.
Pero John, ¿de dónde sacaste todo esto?
Ellen, encontré un trabajo.
Su esposa saltaba como niña pequeña al igual que sus hijos.
John, el vestido que tantas veces miré.
Ellen, tú te mereces todo esto. Años junto a mí y nunca me fallaste.
Pero vengan niños, aquí hay ropa, zapatos y juguetes.
Todo era alegría en el hogar.
Entrada la tarde, ya más tranquilos, Ellen tomó la palabra:
John cuéntame cómo conseguiste el trabajo.
Ellen, lo que te voy a contar no lo podrás creer.
Pero dime que ya estas poniendo nerviosa.
Como bien sabes, fuimos con los muchachos a la cantina y ahí nuevamente estaba el forastero.
John, olvida eso que te tiene obsesionado.
Escúchame bien Ellen:
Ahí estaba el forastero, nosotros pedimos unos tragos y de pronto este hombre se puso de pie y se dirigió a mí diciéndome.
¡Con usted quiero hablar!
Yo transpiraba.
John cuéntame la verdad que aquí no estás en la cantina contando tus historias.
Créeme Ellen.
Como te lo explico, el forastero me llamó, mis amigos no querían que fuera pero algo me dijo que sí.
¿Es cierto lo que me estas contando?
Lo juro por mis hijos.
¿Y qué te dijo?
Bueno, me conversó varias cosas, y una de ellas fue que todos teníamos oportunidades en la vida y que bastaba con el solo hecho de saber aprovecharlas.
Posteriormente me señaló:
Quiero que usted trabaje para mí.
¿Pero en que trabajaras John?
Me dijo que mañana lo conversaríamos, pero que según él, yo reunía todos los requisitos.
Le gusta que le digan señor Price.
Pero… ¿no te parece extraño John?
Sí, me parece extraño y confieso que uno se deja llevar por las apariencias. Él es una persona muy seria pero también muy bondadosa, de hecho me dio todo este dinero y dijo; vaya inmediatamente y cómpreles ropa a su esposa e hijos y también alimento, ellos lo merecen todo.
Bueno, y aquí estoy Ellen.
Pero, ¿te gastaste el sueldo del mes?
No Ellen, me dijo que mañana me daría la misma cantidad.
John, si esto es cierto significa que Dios después de tantos años escuchó mis suplicas.
Al día siguiente y a la hora acordada John entró a la vieja cantina. El señor Price ya estaba en la mesa habitual.
John siéntese que hoy es el día, así que inmediatamente hablaremos de negocios.
Señor, mi esposa le agradece en nombre de todos esta gran oportunidad que nos está dando.
John, agradezco el gesto, pero en el fondo deben agradecerle a usted que es el que efectuará el trabajo.
John, ponga mucha atención:
Usted tendrá un trabajo aparentemente fácil pero de extrema responsabilidad, por lo mismo su salario será bastante elevado.
Pero señor Price:
¿Usted piensa que podré hacerlo?
Podrá John, pero lo primero que debe hacer es aprender a hablar menos y a escuchar más.
Lo otro importante, usted solamente obedecerá ordenes mías y de nadie más, yo nunca uso intermediarios.
Solamente se limitará a lo que yo diga y mientras menos hable mucho mejor.
Tome este dinero, irá donde un sastre y le pedirá que le confeccione siete trajes formales de preferencia colores negros, grises o azules y que estos sean de finas telas, si no tiene que las consiga.
Páguele el dinero suficiente para que los tenga listos en menos de una semana pues el tiempo apremia.
Señor Price, le parecerá absurdo lo que le preguntaré pero:
Lo que sucede es que yo nunca he usado traje, solo ropa de granjero.
¿No me sentiré incomodo con esta vestimenta?
Con lo que va a ganar el primer día se acostumbrará.
También buscará el calzado y las camisas más elegantes pues su presentación será fundamental.
Todos los días cambiará de traje, camisa, calzado y corbata.
A mi John usted me ve todos los días con trajes negros, camisa blanca y corbata negra, pero sepa usted que tengo treinta iguales y uno para cada día.
Ahora, si desea ahorrar puede hacerlo pero en cuanto a vestir nunca repare en gastos.
A ver si entendió John.
Le repaso:
¿Qué es lo primero que tiene que hacer?
Ir donde el sastre y decirle que me haga siete trajes completos, también debo comprar siete pares de zapatos, camisas y corbatas.
¿Y los colores John?
Solo puedo usar el negro, el gris y el azul oscuro.
¿Qué otra cosa debe hacer?
Conversar menos y escuchar más.
Muy bien… ¿algo más que agregar John?
Que todas las órdenes vendrán directamente de usted señor Price sin ningún intermediario.
¡Se da cuenta John que por algo lo elegí!
Señor Price, sé que debo preguntar poco pero:
¿Me podría usted adelantar algo sobre lo que debo hacer en mi nuevo trabajo?
John, escuche:
¿Usted ha oído hablar del Golden spike?
Por supuesto que sí señor Price, ahí también estuve trabajando para la construcción de líneas férreas.
Bien; entonces sabrá que esta vía es transcontinental y por lo tanto llegará a muchos lugares.
Su trabajo tendrá que ver mucho con un ferrocarril muy particular. Eso es todo lo que le puedo decir por ahora.
Está bien señor Price y como usted dice; menos palabra y más atención.
Me gusta su actitud John.
Finalmente, si sus parientes, amigos y cercanos insisten en preguntar cuál es su trabajo, usted solo dirá que es en ferrocarriles y la supervisión de este.
¿Entendido John?
¡Entendido señor Price! Y muchas gracias.
John a la velocidad de un rayo fue donde el sastre para tener los trajes a tiempo.
Señor Asían, buenos días.
Necesito hacer estos trajes y los requiero en una semana.
¡Imposible John!
Por favor, le pagaré el doble.
Bueno, qué más da.
Sus trajes estarán listos para esa fecha.
Posteriormente John se dirigió a otro pueblo en donde compró zapatos, camisas, corbatas y por supuesto que más regalos para Ellen y golosinas para los niños.
Ellen solo decía:
John esto me asusta, nos estamos dando vida de ricos.
No te preocupes.
Como dices tú, Dios escuchó tus suplicas.
La semana transcurrió rápidamente y John ya estaba preparado para comenzar su trabajo.
En el pueblo todos lo miraban al ver tanta elegancia en él, es Más, el señor Price le había regalado un reloj de oro puro y colleras del mismo material.
Sus amigos ya no se acercaban a él.
Ellos decían:
Nos robaron a John.
Se dice por esos lugares que vestía mejor que el alcalde del pueblo.
Ellen estaba orgullosa…
Señor Price, estoy listo para empezar.
Entonces ponga atención:
Cuando sean la nueve en punto pasará por aquí un ferrocarril, nos subiremos a él y de ahí le daré más instrucciones.
Aún tiene tiempo de ir a su casa y decirle a su esposa que trabajará principalmente de noche.
Está bien señor Price, iré a mi casa y estaré puntualmente a las 9 de la noche, todo conforme a lo que usted me ha señalado.
No olvide John venir elegantemente bien vestido.
Así lo haré señor Price, nos vemos y muchas gracias.
John partió raudamente a su casa, compartió unos instantes con su familia y le contó a Ellen que a las nueve de la noche lo pasaría a buscar un ferrocarril y que el señor Price estaría en el lugar para darme más instrucciones.
¿Y cómo regresarás John?
El mismo ferrocarril entiendo me dejará aquí en el pueblo.
Bueno Ellen, me tengo que ir y no sería conveniente que llegará atrasado el primer día de trabajo.
Faltando 15 minutos para las nueve de la noche John ya estaba en la estación y 10 minutos después llegó puntualmente el señor Price.
¡Buenas noches señor Price!
Buenas noches John. Me gusta su puntualidad.
Como le dije anteriormente, nunca llegue después de la hora señalada pues el ferrocarril parte.
No se preocupe señor Price, esta oportunidad la esperé por años y no le voy a fallar.
Señor Price, a lo lejos se ve una luz.
Es el ferrocarril.
A las nueve en punto el tren se detuvo, el señor Price subió y tras el John.
Una vez ingresados, este puntualmente partió.
John venga que le voy a presentar a Senén, él es el maquinista.
Ahora acérquese.
Este ferrocarril tiene tres vagones y en cada uno de ellos hay 48 pasajeros, este número siempre será fijo.
Senén solo conducirá pues conoce perfectamente el camino.
Usted pasará supervisando los tres vagones. Si los pasajeros le hacen preguntas, intente no interactuar con ellos pues su función será revisar que en cada vagón estén los 48 pasajeros en todo momento y recuerde, no puede faltar ninguno.
¿Son reos señor Price?
Recuerde John, menos preguntas y más atención.
Disculpe señor Price.
Estos pasajeros deberán ser trasladados a un sector que Senén conoce perfectamente.
Ahí los dejará y recuerde que su papel será solamente de transportador.
Esta primera ronda la haremos los dos para que aprenda su trabajo.
El señor Price ingresó al primer vagón con la autoridad y confianza que da la experiencia.
Al interior había todo tipo de personas, de distintas edades y distintas vestimentas. La mayoría se acercaba al señor Price y le preguntaban adonde los llevaban, a lo que el señor Price les decía:
Allá les aclararán todas sus dudas.
¿Señor Price?
Digame John.
¿Adónde van todas estas personas?
Por el momento su trabajo será supervisarlas, transportarlas, por lo tanto no es necesario que sepa sobre su destino de llegada.
Posteriormente el señor Price revisó los otros dos vagones.
John, a ver si aprendiste.
¿Qué tienes que revisar?
Que estén los 48 pasajeros en cada uno de los vagones.
Muy bien.
¡Este trabajo está hecho para ti!
¿Y están los 48 en cada carro?
Si, están todos pues los conté mentalmente.
¿Y que más debes tener en claro John?
Que solamente los transportaré.
Bien.
John, escucha lo siguiente:
En algún momento del camino Senén se desviará, llegaremos al lugar indicado, ahí descenderán todos y luego regresaremos.
Fue así entonces como llegaron al lugar señalado.
Señor Price, ¿Cómo se llama este pueblo?
No te preocupes, eso no debe importarte, solo tienes que estar atento a que todos bajen y que no te falte ninguno.
A veces hay algunos que intentan violar las reglas y se quedan escondidos al interior del vagón, así que muy atento.
Recuerda, son tres vagones con 48 pasajeros cada uno que llevaras todos los días y no deberá faltar ninguno.
Entendido señor.
Llegando, en el lugar había unos hombres de trajes oscuros que solamente se encargaban de recibir a los pasajeros. No conversaban y prácticamente con gestos le decían al señor Price y a John que estaba todo correcto.
¿Señor Price ellos no hablan?
No te preocupes, la vida social la puedes hacer en la cantina, aquí solo debes trabajar.
Perdón señor, tiene razón.
A pesar de que estaba oscuro, se lograba vislumbrar un pequeño cerro con algunas fogatas a lo lejos. El ambiente no era el más acogedor pues había mucho ruido.
Gritos y llanto decoraban alegóricamente el entorno.
John vamos, tarea concluida.
Está bien señor Price.
John regresó y llegó a casa en donde lo recibió Ellen.
Al día siguiente, y faltando diez minutos para las nueve ahí estaba John. Cinco minutos después apareció el señor Price.
Buenas noches señor Price.
Buenas noches John.
Bueno, hoy esperaré que tome el ferrocarril pero esta vez yo no iré con usted, pues tengo otros asuntos importantes que atender.
Usted ya conoce el sistema, cuente bien sus pasajeros y trate de no interactuar mucho con ellos, los deja donde siempre y regresa.
Mañana nos vemos a esta misma hora. Aquí tiene su paga por el día de ayer y de hoy.
Gracias señor Price, no lo defraudaré.
Confió en usted John.
Puntualmente a las nueve y como era de costumbre llegó el ferrocarril y el conductor como siempre era Senén.
Hola que tal Senén, saludó muy cordialmente John.
Buenas noches señor John.
Senén, dime John solamente.
Lo que sucede es que el señor Price nos enseña a respetar los cargos.
Yo soy solo el maquinista y usted es el transportador.
Está bien, delante de él me dirás señor, pero entre nosotros me dirás John.
Como lo desee usted y se lo agradezco John.
Senén, voy a revisar los vagones y después vuelvo para que compartamos una taza de café.
Me parece bien John.
Este revisó cada vagón y estaban los 48 pasajeros en cada uno de ellos.
Mientras pasaba de un carro a otro un hombre de edad madura se acercó y le preguntó:
Señor, ¿usted sabe dónde nos llevan?
No lo sé señor, pero falta aproximadamente como una hora Para llegar.
John lo quedó mirando y le dijo:
¿Le puedo hacer una pregunta ahora yo a usted?
Por supuesto joven, dígame.
¿Usted sabe porque va en este vagón?
Lo único que sé, es que en la noche unos hombres vestidos de negro me sacaron a la fuerza de mi casa y me dijeron que me iban a llevar a una especie de reformatorio o algo así.
A propósito amigo,
¿Cuál es su nombre?
Me llamo John.
¿Y el suyo?
Mi nombre es Ambrosio.
Don Ambrosio, preguntó John.
¿Y que le dijeron que tenía que reformar de su parte?
¿Encuentra usted que tiene algún defecto muy pronunciado?
La verdad joven es que creo que no, pero siendo muy honesto, y por problemas de necesidades propias de mí actuar, desde pequeño aprendí a no dar al prójimo. Uno de los hombres de negro me dijo que era un egoísta.
Cuando venía viajando en el vagón pensé mucho en esto y algo de razón le encontré a este hombre, pues siempre me caractericé por querer únicamente el beneficio personal.
No acostumbraba a compartir mis pertenencias, ni dinero, ni conocimientos con nadie, sin siquiera con mis familiares.
Cuando alguien tiene algo que yo no puedo obtener, me sube un calor a la cara, todo esto mezclado con un sentimiento de rabia, pero esto nunca lo consideré tan grave pues como le dije anteriormente y se lo repito, desde pequeño con mis hermanos pasamos muchas necesidades.
¿Qué nos harán allá John?
Don Ambrosio, no me permiten hablar, pero tampoco sé lo que hacen, mi trabajo radica fundamentalmente en verificar que todos lleguen a destino.
John verdaderamente no le quiso contar a este anciano que el lugar de llegada era bastante oscuro y que por lo demás había mucho grito y llanto.
Bueno, lo dejo don Ambrosio que tengo que seguir con mi labor.
Al otro extremo de uno de los vagones una dama muy educada y de cierta edad detuvo a John.
Señor disculpe:
¿Me permite preguntarle algo?
Por supuesto señora dígame, pero que sea breve pues no me está permitido cruzar más de dos palabras con los pasajeros.
¿Cuál es su nombre joven?
John.
Joven John, estoy muy asustada. Anoche me acosté a dormir y pasada las cero horas, dos hombres vestidos de negro me sacaron de mi cama y me trajeron a este vagón, incluso como usted puede ver estoy con mi ropa de dormir y mis pies descalzos.
¿Pero usted no gritó pidiendo ayuda?
No me salía la voz joven.
Lo que yo quería preguntarle es donde me llevan.
Antes de contestarle mi querida señora cuénteme algo.
¿Usted tiene algún marcado defecto?
Bueno joven; usted sabe que en el mundo nadie es perfecto.
Si la entiendo señora, pero principalmente me refiero a si tiene o tuvo algún problema con una o varias personas.
Le cuento joven:
Yo he tenido una vida como cualquier otra persona, pero analizándome diría que soy un tanto orgullosa.
Por ejemplo hace diez años que no le dirijo la palabra a una hermana porque tuvimos una fuerte discusión. Muchas veces he pensado en visitarla pero algo más fuerte me dice que no.
¿Y quién tuvo la culpa? Preguntó John curiosamente.
El error fue mío joven, pero nunca le pedí ni disculpas ni perdón porque al parecer mi orgullo fue más fuerte.
Mi marido falleció hace ya varios años, él fue un hombre muy adinerado, por lo tanto me dejó muchos bienes al morir. Yo por mi parte siempre humillaba a las personas apoyándome en mi solvencia económica, y con la que más abusé fue precisamente con mi hermana, hasta que un día ella se fastidio.
¿Y usted que hizo?
Le dije con mucha soberbia.
No quiero verte nunca más en mi casa, toma todas tus pertenencias, tu ropa harapienta, vete y sal de aquí.
¡Fuertes palabras lo que le dijo señora!
Así es joven, es por ello que estoy asustada y no sé dónde me llevarán.
¿Usted sabe dónde vamos? Le preguntó a John.
Le diré algo:
Yo soy simplemente un transportador y mi deber es que todos ustedes lleguen sin ningún contratiempo. Más que eso no lo sé, a mí tampoco me han dado mucha información.
Lo único que sé porque me lo dijo un pasajero es que el sector en donde se dirigen es un lugar de re- educamiento.
Ojalá así sea joven John pues estoy muy asustada.
Quédese tranquila y discúlpeme que debo seguir en mi labor que es hacer mi ronda.
Este segundo día de trabajo fue extenuante para John, así que al llegar a casa saludó a Ellen e inmediatamente decidió irse a dormir.
Al día siguiente y faltando 15 minutos para las nueve de la noche John como ya era su costumbre estaba esperando el ferrocarril. Posteriormente llegó el señor Price.
John, lo felicito pues ayer efectuó muy bien su trabajo así que hoy irá nuevamente solo con Senén.
Señor Price, usted me halaga.
¿Realmente piensa que lo hice bien?
Recibió tres vagones con 48 pasajeros en cada uno de ellos y entregó la misma cantidad, eso es lo que se le pide. ¿No le parece?
Así es señor Price.
John, ya que se ha ganado mi confianza y la de mis superiores, me ausentaré dos días y estoy seguro de que ante cualquier eventualidad que ocurra, usted sabrá solucionarla.
Pase lo que pase recuerde que siempre debe entregar la misma cantidad de pasajeros que recibió.
Muy bien señor Price, confié en mí.
Ok John y gracias. Apúrese que ya viene Senén llegando.
Que tengan un muy buen trayecto y me retiro.
John subió al ferrocarril e inmediatamente comenzó a contar a sus pasajeros. Todo estaba en perfecto orden así que se dirigió en donde Senén a compartir un café.
Senén, ¿hace mucho que trabaja en esto?
Hace bastante John y creo que ya perdí la cuenta.
¿Y siempre hace lo mismo? o también va a otros lugares.
No, siempre hago el mismo recorrido John, lo único que cambia de vez en cuando es el transportador. Uno de los anteriores fue despedido porque un pasajero se le fugó de un vagón antes de hacer la entrega.
Gracias por avisarme, y estaré doblemente pendiente.
Permiso Senén, voy a contar nuevamente a los pasajeros.
John avanzó raudamente por cada vagón y los 48 en cada uno de ellos calzaban perfectamente. Cuando ya se retiraba para ir donde Senén, un hombre de fino vestir se le acercó.
Señor, podemos conversar.
Si por supuesto, dígame.
Señor, ¿Cuál es su nombre?
Me llamo John.
¿Y el suyo? Le preguntó John.
Mi nombre es Diego.
¿En que lo podría ayudar?
Mire, yo soy un abogado de prestigio y conversando con varios pasajeros todos tienen un problema o algo que ocultar.
¿Podríamos conversar un poco más allá?
Por supuesto Don Diego, vamos.
John, tengo muy en claro que algo extraño pasa aquí, pero en realidad no sé lo que realmente es.
Además le cuento que escuché que íbamos a un tipo de reformatorio…personalmente pienso que no es así.
Anoche estaba durmiendo, llegaron unos hombres, me sacaron de mi casa y me ingresaron a este vagón y es ahora en donde estoy conversando con usted.
Creo John, que aunque usted no me lo diga, nos llevan a una cárcel.
Pero don Diego.
¿Hizo usted algo muy malo para merecer ir a una cárcel?
Mire, yo soy un hombre de 75 años pero como usted puede ver, mi mente aún está muy ágil.
Sabe John, le voy a contar algo pues usted me dio confianza y antes que me encarcelen quiero sacarme este dolor que guardo desde hace muchos años.
Le agradezco su confianza don Diego.
¿Tenemos tiempo?
Si, por supuesto pues aún falta más de una hora para llegar.
Entonces le cuento:
Muchos años atrás, cuando recién me había recibido como abogado comencé por consejos de mi padre a invertir.
Él me decía:
Hijo no siempre serás joven, invierte.
Partí comprando un terreno, después una casa, otra más, y sin darme cuenta a mis 50 años ya había adquirido hasta un hotel.
Cierto día cuando ya se hacía de noche, camino a casa vi un local nocturno que estaba a la venta, ingresé a él, y me percaté que el espectáculo que se daba en ese entonces era bastante osado para la época. Había señoritas que bailaban al ritmo de las luces encandilando a más de algún asistente.
Mi intención era comprar bienes y este local me pareció por la ubicación bastante interesante.
Hablé con el dueño, un hombre con muchas deudas y con catorce trabajadores a su cargo, un portero, un aseador, un presentador, un pianista, un saxofonista, ocho bailarines, una cantante y además bailarina.
Lo recuerdo como si fuera hoy.
Entré, conversé con el dueño y este me dijo que lo vendía pero con una clausula.
¿Y cuál es esa? Le pregunté.
Que el que lo compre mantenga a mis trabajadores.
Le expliqué que mi intención no era seguir con el negocio sino que más bien ir juntando bienes.
Me dijo:
Pero como yo soy el dueño pongo mis condiciones y es esa mi clausula.
¿Cuál es su nombre? me preguntó el dueño del local.
Mi nombre es Diego señor, le contesté
Don Diego, hagamos algo:
Queda muy poco para que termine el show y aún falta que entre a escenario nuestra estrella principal, ella es bailarina y cantante, su nombre es Camile. Después de esto conversamos de negocios.
¿Le parece?
Bien, aún tengo tiempo.
Camile era un espectáculo, definitivamente llenaba todos los espacios, no tan solo por su belleza sino que también por su cálida y envolvente voz.
Al ver a esta mujer quedé hipnotizado e hice una de mis más grandes locuras.
Le dije al dueño:
Le compro su teatro con el personal incluido.
Si he de ser sincero, lo compré con el solo afán de conocer a Camile.
Por supuesto que esto no se lo contaría a mi esposa, una dama de conceptos muy arraigados.
Al día siguiente el dueño del teatro me presentó como el nuevo propietario y les explicó que yo no cerraría el teatro.
El mismo día los cité a una reunión para ordenar sus nuevos contratos pidiéndoles que me asesoraran pues nada sabía de locales nocturnos.
Mientras yo hablaba, miraba disimuladamente a Camile y por lo que observaba ella también lo hacía.
Jamás había sentido una sensación igual.
Renové los contratos de todos, siendo esta la primera vez que hablaba directamente con ella.
Don Diego, ¿Dónde firmo? Recuerdo que me dijo.
Aquí Camile, pero no me digas don Diego, me haces sentir de mucha edad.
Entonces, ¿te digo Diego?
Así está mejor.
Pero no lo hagas delante del personal pues se puede tomar a mal.
Entiendo y no te preocupes.
La verdad John es que no voy a decir que me enamoré, pero si existe eso que se llama amor a primera vista, esto era lo más cercano que me había tocado vivir.
Fueron pasando los días y siempre iba durante el día al local a ver si me topaba con Camile, pero ella llegaba solo minutos antes de la función.
Tampoco podía arrancarme en la noche porque mi esposa conocía mi horario, y menos podía decirle que tenía un local nocturno con muchas señoritas.
Durante el día solamente estaba el portero, así que decidí darle la dirección de mi oficina para que se la entregara a Camile y me visitará.
Camile llegó puntual y noté que quedó bastante impresionada con el entorno del lugar, mi oficina era una de las más lujosas de la ciudad.
Camile pasa, siéntate por favor.
Diego, ¿esta es tu oficina?
Si al menos una de ellas.
Camile, está usted muy hermosa, le dije.
En aquellos años decirle así a una dama era una osadía enorme, pero no lo podía evitar.
Diego muchas gracias por su cumplido.
¿Puedo fumar? Me dijo.
Por supuesto, permítame, y le encendí un cigarrillo.
Camile, no sé cómo decírtelo.
Tu sabes que soy un conocido abogado y he librado grandes juicios sin ponerme nervioso sin embargo ahora lo estoy.
Diego, si quieres te ayudo, pues te veo complicado.
Por favor, te lo agradecería.
¡Tú quieres que seamos pareja!
John, te digo que casi me caigo de mi asiento pues en esos años uno no estaba preparado para que una dama se declarara en forma tan abierta y espontáneamente.
Le contesté sin titubear:
Pues si Camile.
A lo que ella me dijo:
Diego, escucha eso si lo siguiente.
Tu también me gustaste desde que te vi entrar al teatro, quizás tu manera de vestir, de caminar, tu seguridad, es todo lo que una mujer puede pedir, pero recuerda que yo soy cantante y bailarina y la vida nocturna te hace ver muchos otros aspectos de la vida que el común de las personas no lo nota.
Por ejemplo:
Un hombre con tu situación es casado, y lo más seguro es que tengas una esposa que es una dama, también debes tener uno o dos hijos, pero no te preocupes, yo soy una mujer que tengo muy claras sus ideas.
Diego, seré tu pareja y además contarás con mi discreción, recuerda eso sí que yo soy una mujer independiente y seguiré con mi trabajo de cantante y bailarina.
Está bien camile.
¿Y qué hago ahora?
¿Cómo nos juntamos?
Diego, primero no pongas esa cara de culpa si aún no has hecho nada.
Nos juntaremos todos los días en el teatro, no te pediré que salgamos a la calle porque eres muy conocido y más de alguien podría reconocerte.
Ahora me iré y le diré a tu secretaria que no tomaré tus servicios como abogado porque son muy costosos.
Te espero mañana a las tres en punto en mi camarín.
Sabe John, si la felicidad existe, en ese preciso momento la pude percibir y al mismo tiempo entraba en mí un fuerte sentimiento de culpa por engañar a mi esposa.
Como el común de una relación, todo partió de mil maravillas. Camile era una mujer muy adelantada para aquella época y sabia realmente el cómo hacerme feliz. Conversábamos distendidamente y al despedirme quedaba con un sentimiento de mucha angustia.
Pienso John que yo le gustaba, no obstante lo que sentía hacia ella al parecer era más fuerte.
Un día tuve mucho trabajo y avise a mi esposa que llegaría un par de horas más tarde.
Me dijo:
No te preocupes que aquí te esperáremos con los niños.
Debo contarte John que mi esposa era una mujer maravillosa, pero Camile me entregaba todo lo prohibido, la locura rompía todos los esquemas.
Don diego disculpe, ¿y ella le pedía dinero?
No me pedía nada John, es más, eso era realmente una de las cosas que me confundía.
En las noches pensaba:
¿Y que sucedería si me enamoro?
¿Sería capaz de dejar a mi familia?
Esto aunque cueste entenderlo me mantenía con una pena constante.
Cada vez que veía a camile, la encontraba más hermosa.
Como le dije anteriormente, tuve que quedarme hasta más tarde en la oficina, pero como el cliente suspendió la reunión pensé irme a casa.
En ese momento dije:
¡Pero qué hago!
Aun me quedan dos horas, iré a ver a Camile.
Llegué de incognito al teatro y me senté bien atrás para pasar desapercibido, quería darle una sorpresa.
Terminó de cantar y me dirigí a su vestuario, estaba con varios admiradores y particularmente le sonreía mucho a uno de ellos que era bastante joven y porque no decirlo que de apariencia era bastante mejor que la mía, y por lo demás creo que era quien la cortejaba.
Un calor fuerte subió a mi cara, solo quería que me explicara lo que en ese instante estaba viendo.
Sus admiradores luego de un tiempo prudente se retiraron y en ese mismo instante aproveché para ingresar al camarín.
Diego, que sorpresa me dijo.
¿Qué te sucede?
¿Por qué tienes esa cara?
¿Tuviste algún problema?
Camile, te vi como charlabas amablemente con esos hombres.
Pero Diego, ellos solamente son admiradores, me traen flores y me felicitan.
Tú sabes que esto es así.
Diego, ¿estas celoso? Me dijo.
No es eso, solo que no me gusta que me ridiculices.
Al final la perdonaba y terminaba en sus brazos atraído por algo inexplicable.
Pero estaba inquieto, así que volví a preguntar.
Dime algo Camile:
Te escucho Diego.
Y ese mozalbete de bigotes, ¿sientes algo por él?
Diego…
Un hombre como tú ni siquiera debería preguntar algo como eso.
¿No te parece?
Aprende a valorizarte.
Me fui a mi casa algo más tranquilo y ahí me esperaba mi esposa.
Yo por lo demás con un sentimiento de culpa.
Fue pasando el tiempo y cada vez me acostumbraba más a la compañía de Camile hasta el punto que si un día no podía verla, era como que me faltaba el aire.
Cierto día fui al teatro para juntarme con ella como era de costumbre, pero al llegar la encontré extraña.
Camile, ¿te sucede algo? Le pregunté.
Me dijo:
Diego, quiero conversar contigo.
Cuando se dirigió a mí de esa forma, sentí un escalofrió.
Te escucho, le dije:
Diego, has notado que llevamos ya dos años de relación.
Dos años y tres días Camile.
Bueno, lo que quiero decir es lo siguiente:
¿Tú piensas seguir así dos años más o tal vez tres?
Que quieres decirme Camile, ¿acaso quieres dejarme?
Diego yo te amo, soy tu mujer, pero llegó el momento que te decidas. Tienes que contarle lo nuestro a tu esposa o sino esto se termina.
John, sentí como que el corazón se me partía en dos
Pero Camile, dame tiempo.
¡Tienes hasta mañana!
No sabía qué hacer, ansiaba con todas mis fuerzas estar para siempre con ella, pero me daba una pena enorme dejar a mi esposa.
Al día siguiente me junté con camile como habíamos acordado. Estaba más hermosa que nunca.
Diego, ¿te decidiste?, te escucho atentamente:
John… no sabría decir como ocurrió todo pero eso sí puedo aseverar con certeza que fue mi primer error que hasta el día de hoy arrastro.
Diego, sigue que te estoy escuchando, le dijo John expectante.
Continúo entonces, le respondió Diego a John.
Bueno, entonces como te decía ella me dijo lo siguiente:
¿Hablaste con tu esposa Diego?
¿Le contaste lo nuestro?
Camile escúchame lo siguiente:
Tengo muy en claro que tú me has entregado dos hermosos años de tu juventud y aunque no lo creas han sido los más bellos. Contigo resucité, volví a sentir que la vida tenía un sentido, pero está mi esposa de por medio que es una maravillosa mujer.
Camile, a ti te amo, a ella la respeto y no podría hacerle daño alguno.
Por todo esto, te daré a modo de compensación una de mis mejores propiedades y el dinero suficiente para que no tengas que trabajar más en toda tu vida.
Camile me miró fijamente y me dijo:
Si no tienes la valentía de contarle, no te preocupes pues iré en este preciso momento y hablaré con ella.
Si tú dices que es una buena mujer, no merece vivir toda una vida engañada, ¿no te parece?
Camile, te prohíbo que vayas donde ella.
Diego, tú me podrás prohibir algo cuando sea tu esposa y no antes.
Don diego, cuénteme que sucedió.
Cuando camile me puso en esa posición, mi vista se nublo, sentía que me iba a desmayar, solo veía su hermoso cuello blanco el cual lo tomé con todas mis fuerzas hasta que dejó de respirar.
¿La mató?
Así es John, hasta el día de hoy no me explico como sucedió.
¿Pero lo tomaron detenido?
Nadie supo.
Al día siguiente le di una buena indemnización a cada empleado, cerré el teatro y deje el cuerpo de Camile en el sótano.
Don diego, debo decirle que me ha dejado sin palabras.
John, no hay un solo día en que no me torture pensando en lo que hice.
Todos los días le hablo a Dios llorando y le pido perdón desde lo más profundo de mi alma.
Bueno John, después de haberle contado esto, solo me resta darle las gracias por haber escuchado atentamente mi versión de los hechos.
No se preocupe Don Diego… ahora me disculpa porque tengo que contar a los pasajeros nuevamente, queda poco para llegar.
Como de costumbre pero aún impactado por el fuerte relato de Don Diego, John dejó a todos los pasajeros en el lugar indicado y se retiró.
Este tercer día de trabajo nuevamente fue extenuante, John llegó a su casa, saludó a Ellen y se puso a dormir.
Al día siguiente y ya faltando 15 minutos para las nueve de la noche John ya estaba esperando el ferrocarril. El señor Price nuevamente no llegó.
Por su parte Senén a las 9 en punto detenía el tren en la estación.
-Buenas noches Senén.
-Buenas noches John.
La noche va a estar fría.
Así se ve.
Disculpa John, esto le dejó el señor Price, un sobre con su dinero y dijo que tu sabias.
Muchas gracias Senén.
Bueno, iré a contar a los pasajeros.
La ronda fue igual que los días anteriores pero John evitó conversar con los presentes.
¿Todo bien John?
Si Senén, están los 48 pasajeros en cada vagón.
Senén dime algo:
Digame John:
¿Alguna vez has bajado del ferrocarril cuando llegamos a destino?
La verdad es que no.
Tengo órdenes estrictas del señor Price de no hacerlo.
¡Pero tú has bajado John!
Sí, eso es verdad, pero como es de noche y el sector en general es muy oscuro, poco he podido percibir. Solamente me limito a pasar la hoja con los nombres de los pasajeros al guardia e inmediatamente me retiro.
Ellos no hablan absolutamente nada Senén.
Los transportadores que estuvieron antes que tú me decían lo mismo.
Supongo Senén que son guardias.
Eso no sabría decirlo John.
En el cuarto día John nuevamente prefirió no interactuar con los pasajeros. El caso de Don diego le seguía dando vueltas en su mente.
Mejor llevo los pasajeros, los cuento y regreso a casa dijo John.
Luego de terminada su jornada, llegó a casa, saludo a Ellen y se acostó a dormir para que al día siguiente y faltando 15 minutos para las nueve pudiese estar puntualmente en su lugar de partida.
El señor Price no estaba, así que Senén nuevamente le entregó otro sobre con el dinero.
Senén.
Digame John.
¿Qué es del señor Price?
¿Lo has visto?
Si, hoy en la mañana.
¿No te preguntó nada sobre mí?
No…solamente me dijo si es que te cambiabas de ropa todos los días, a lo cual le dije que sí.
Está bien Senén, gracias.
John como ya era su costumbre, recorrió cada vagón ratificando que estaban todos los pasajeros y después se fue a tomar su café habitual con Senén.
Llegaron a destino, Senén se quedó arriba y John por su parte bajo con la lista de los pasajeros y luego se marchó. Llegó a su casa, saludo a Ellen y luego se quedó dormido.
Fueron pasando los días y John cumplía puntualmente con su trabajo, llegaba faltando 15 minutos para la 9 y a las nueve en punto subía al ferrocarril, contaba los pasajeros, los entregaba, regresaba a casa, saludaba a Ellen y se ponía a dormir.
John pensaba:
Siempre busqué un trabajo decente como el que hoy tengo, pero mentalmente desgasta, además poco puedo conversar y compartir con Ellen y mis hijos, pero por otra parte pienso que es solo asunto de acostumbrarse. Además con esta paga no me puedo rehusar.
¿Dónde llevaran a estas personas? Se preguntaba a diario John.
Cierto día decidió salir de la duda y le dijo a Senén que lo esperara un poco más de lo habitual, pues quería investigar algo.
Tenga cuidado, le dijo Senén.
Si, lo tendré le contestó un John expectante.
Llegaron, John entregó la lista y sin que nadie se percatara, ingresó a una especie de galpones gigantes en donde estaban las personas que él diariamente transportaba.
Lo que ahí vio John, es difícil de explicarlo, pero tampoco refutarlo.
Como les decía, John entró a este gran galpón sin que nadie lo notara y vio a miles de personas, todas en un ambiente oscuro, sucio y helado, y con gran aflicción.
¡Señor, ayúdenos!
Le dijeron algunos hombres que permanecían en el lugar.
John les dijo:
¿Pero qué hacen aquí?
Nos trajeron en un vagón y aquí dormimos, no nos dan de comer, ni tampoco de beber.
¿Pero ustedes cometieron algún delito o falta grave?
Bueno señor contestó uno de ellos.
Yo reconozco que soy bastante arrogante, pero no creo que esto sea motivo para que me tengan encerrado.
Yo soy una mujer agresiva señor, contestó otro pero a su vez se controlarme cuando es debido.
¿Y usted que está ahí sentado? Preguntó John.
¿Qué nos puede decir?
Bueno, soy muy indiferente con las demás personas.
¿Es acaso eso un delito muy grave?
Cada uno tenía algo que contar.
Yo fui codicioso.
Yo fui muy celoso.
Yo un tanto cínico.
Yo un fanfarrón.
Yo un holgazán.
Yo un tacaño.
¿Alguno de ustedes cometió un delito grave?
Como por ejemplo.
¿Quitarle la vida a otra persona?
Todos dijeron:
¡Por supuesto que no señor!
Pero John sabía de alguna manera que más de alguno mentía.
Bueno… ahora tengo que irme.
¡Pero señor, no nos puede dejar aquí!
En una fracción de segundos y John sin darse cuenta, varios de los que ahí estaban al igual que zombis y en forma descontrolada, se abalanzaron sujetándolo con mucha fuerza, este cayó al piso y comenzó a faltarle el aire.
Cuando ya no le quedaban fuerzas ni oxígeno, sintió una mano y un brazo fuerte que lo tomaba, era el señor Price.
¡Señor Price!
John venga, recuerde que le dije que no debía alejarse del ferrocarril.
Disculpe señor Price.
Está bien John, y no lo haga más.
Senén, parte y nos vemos donde tú ya sabes.
Inmediatamente señor Price.
Senén emprendió rumbo a toda máquina y se dirigió a un lugar muy distinto al anterior, en donde había mucha vegetación, una gran cantidad de luz y también una tranquilidad enorme que envolvía todo el sector.
A lo lejos se veían personas que caminaban y otras que al parecer dialogaban.
¿En dónde estamos señor Price?
En un lugar mejor que el anterior, de hecho estoy acostumbrado aquí.
¿Y que hace señor Price?
También traslado personas en el ferrocarril, pero este lugar es muy distinto al tuyo, y Senén también es mi maquinista.
Señor Price. ¡No entiendo nada!
John, algunas cosas las entenderás y otras no tanto.
Te explico:
Cuando uno fallece, el cuerpo queda en la tierra, nuestro espíritu viaja y se aloja en el lugar que le corresponde según su actuar.
Es decir señor Price, ¿usted me dice que en todo este tiempo estuve trasladando muertos?
Bueno, uno les dice muertos pero lo cierto es que están vivos en espíritu.
¿Entiendo?
¿Pero cómo una persona viva como yo puede trasladar todos los días tres vagones con 48 muertos cada uno?
Solamente lo puedes hacer si tú también estas muerto John.
Pero señor Price, no me haga este tipo de bromas, ¡yo estoy vivo!
Usted también, Senén también pues todos los días nos tomamos un café, llego a mi casa y ahí esta Ellen, y los niños durmiendo.
¡Imposible que este muerto!
Bueno, esto es solo un juego de palabras, ¡todos estamos vivos!
Pero cuando dejamos nuestro cuerpo solido nos dicen muertos.
No entiendo señor Price.
John, escucha atentamente lo que te voy a explicar:
Tú llevabas una vida normal como la de cualquier granjero, pero tenías la mala fortuna de perder tus trabajos. Cuando se inició la construcción de la línea férrea, tuviste un accidente y falleciste. No pudiste percatarte porque fue instantáneo.
Ahora bien como no lo supiste continuaste realizando tu rutina, esto le sucede a gran parte de las personas, por eso veías a Ellen, a tus hijos y seguías buscando trabajo.
Ellen y los niños están bien y pudieron reorganizarse.
Señor Price, me está asustando.
Es por ello que en un principio te dije que algunas cosas las entenderías y otras no pues todo a su tiempo.
¿Te habías percatado que últimamente esperabas a Senén faltando 15 minutos para las 9 horas y que este a las 9 en punto pasaba?
¿Luego contabas los pasajeros y los entregabas?
¿Llegabas a tu casa en donde estaba Ellen, la saludabas y te dormías?
¿Al día siguiente lo mismo, al subsiguiente igual?
Cuando una situación John se vuelve rutinaria a este extremo y se repite una y otra vez lo más seguro es que falleciste.
John solo escuchaba extrañado.
¿Qué te pasaba cuando tomabas café con Senén?
Sentía un peso en el estómago y como que me ahogaba, pero creo que es porque una vez tuve ulceras.
No es así John, lo que sucede es que este fenómeno que te ocurría era un pequeño recuerdo de tu fallecimiento.
Te explico:
Tú estabas trabajando en la línea del ferrocarril y como hacía mucho frio te estabas tomando un café, en un momento y sin que lo notaras uno de los vagones se deslizó aplastándote a la altura del estómago falleciendo al instante.
Señor Price, ¿y ahora qué hago? Si estoy muerto.
John, tu trabajo fue llevar a personas con un cierto grado de defectos y lo has hecho bien. Tú eres un transportador.
Ellos son trasladados todos los días en donde se distribuyen armónicamente en distintos lugares y todo esto a modo de enseñanza.
Entonces señor Price, ¿ellos llegan al infierno?
Las personas en general le llaman así, pero la realidad es que son distintos estados de conciencia. En la medida que se superen y por lo general a través del dolor podrán optar a lugares mejores como lo que estás viendo en este momento.
Entonces señor Price, ¿usted es un transportador también?
Por supuesto, además fui el transportador que te antecedió y ahora lo sigo haciendo pero en este otro lugar.
¿Este es el cielo señor Price?
No John, es un buen lugar, pero debes saber que nunca nadie ha visto el cielo.
John, vine porque quería contarte que has pasado la prueba y que nos ha gustado mucho tu trabajo.
Has tenido preocupación por los pasajeros y eso siempre es valorable, por lo tanto estas capacitado para seguir escalando en tu trabajo.
Seguirás por ahora haciendo tu labor y empezarás a buscar a alguien que te reemplace.
¿Pero quién será esa persona señor Price?
No lo sé, en mi caso lo supe cuando te vi, pero por lo general se nos da la posibilidad de darles la oportunidad a otros para que recorran el camino.
Nada es al azar John, por ejemplo mi nombre es Price, que significa precio y esto es por el alto precio que he tenido que pagar a través de muchas vidas por mis reiterados errores.
El tuyo es John que significa DIOS, que es el misericordioso porque tendrás la oportunidad de tener misericordia con alguien que se ha ganado de tanto en tanto pedir.
Recuerda:
Cuando lo encuentres, lo prepararás al igual como lo hice yo contigo y después podrás optar a trasladar a otros pasajeros que aunque están mejor que los que trasladas actualmente también están superando limitaciones como yo y como tú.
Ahora regresa con Senén y en cualquier momento del camino nos volveremos a encontrar.
Adiós.
Senén siguió su trayecto y de un momento a otro John dijo:
Senén, déjame en este lugar. Pronto nos veremos.
Así será John.
Ya con la verdad asimilada John llegó a un pueblo que aparentemente no conocía, entró a una cantina y se sentó, pidió un vaso de whisky y la comida del día.
Todos los presentes lo quedaron mirando por su elegante vestir.
Se alojó en el pueblo y diariamente al igual como lo hacía el señor Price visitaba la cantina y observaba a las personas.
El pueblo comentaba.
¿Quién es ese forastero de buen vestir y que estará buscando?
Entre los que asistían a la cantina a John uno de ellos le llamó la atención.
Era un hombre de cierta edad que después de la muerte de su esposa decidió apagar sus penas con el alcohol.
Cierto día John se puso de pie, lo llamó y le dijo:
Señor venga que con usted necesito hablar.
La cantina quedo expectante.
El hombre lentamente se acercó y John le dijo.
Lo he estado observando y pienso que su vida en general ha tenido muchas tristezas. No es bueno que diariamente esté apagando esa pena que arrastra con alcohol. Yo le voy a ofrecer un trabajo muy bien remunerado, no es un trabajo difícil pero si de gran responsabilidad. Esto lo mantendrá activo y verá como usted encuentra la solución a lo que busca.
¿Pero yo ya soy un viejo señor?
En este trabajo la edad es irrelevante.
¿Y cuál es su nombre señor?
Me llamará señor John.
Señor John, ¿y cuál será mi trabajo?
Solo tendrá que transportar personas Don Diego.
¿Y cómo sabe mi nombre?
Como me enseñó tiempo atrás un viejo amigo,
MENOS PREGUNTAS, MAS ATENCIÓN.
Martes 11 de agosto 2020
21.11 horas pm.
Desde el mundo espiritual recibido por el médium t. en chile

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